jueves, 8 de septiembre de 2016

Los datos son los datos (II)

Uno de los debates que se suscitan a menudo en las conversaciones de cuñadeo sobre Economía tiene que ver con cuántos impuestos pagamos los españoles y sobre si estos deben subirse o no. Lo habitual es comparar el nivel de presión fiscal en distintos países. Sí... hay quién utiliza el concepto de "esfuerzo fiscal" pero me van a permitir que mi honestidad intelectual me impida utilizar trucos malabares para justificar lo injustificable: razón aquí

La discusión suele ir en los términos de que el gasto que realiza nuestro sector público es muy parecido al que realizan los países de nuestro entorno mientras que la recaudación fiscal está muy por debajo. Puesto que en algún momento la recaudación y el gasto deben ir acompasados la conclusión más obvia es que necesitamos aumentar la recaudación si queremos parecernos a nuestros amigos europeos. (Si no queremos parecernos podemos hacer otras cosas como bajar el gasto, pero eso es otra discusión. Prefiero parecerme a Alemania que a Moldavia.)

Los datos sobre presión fiscal que podemos obtener de Eurostat para 2014 se resumen en el siguiente gráfico de elaboración propia:

Parece claro que tenemos un problema de recaudación. Sin embargo a mí me cuesta mucho aceptar que se hayan de subir los impuestos: al fin y al cabo a nadie le gusta pagar más. 

España paga un 34,4% de su PIB en impuestos mientras que la media de los países de nuestro entorno está cerca del 40%. Ahora bien... los impuestos los satisface la economía "que se ve". La economía sumergida (incluída en el PIB) no tributa. ¿Y si calculamos los impuestos satisfechos en cada país excluyendo del cálculo la economía sumergida? ¿Puede ser que la presión fiscal en España en ese caso fuese comparable a los países de nuestro entorno? ¿Podría ser que una subida de impuestos que afectase de nuevo sólo a los que pagamos impuestos convirtiera esto en un infierno fiscal en comparación con nuestro entorno? A mí la idea me gustaba, pero ya os adelanto algo: estaba equivocado.

Lo primero que necesitamos para poner a prueba nuestra hipótesis es una estimación homogénea y fiable (dentro de lo posible) de la economía sumergida en los distintos países. Afortunadamente Scheneider se ocupa de ello y publica regularmente informes sobre la evolución de la misma. Una vez disponemos de una estimación de la estimación del PIB "visible" podemos calcular en porcentaje cuanto supone la presión fiscal sobre dicha cantidad. Por ejemplo: si la presión fiscal en España es del 34,4% pero tenemos un 18,5% de economía sumergida podemos calcular cuánto supone ese 34,4 sobre el 81,8% de economía visible. En este caso un 42,2% de, llamémosla así, presión fiscal B ¿Y si hacemos esto para todos los países?.

En la tabla que presento a continuación se muestran las estimaciones (2014) de economía sumergida, presión fiscal, ranking (de menor a mayor) de presión fiscal, presión fiscal B y ranking según presión fiscal B.


España era el duodécimo país con menor presión fiscal y una vez excluido el efecto de la economía sumergida pasa a ser el décimo. Esto es, computando el efecto de la presión fiscal los países de nuestro entorno pagan algo más de impuestos que nosotros también. 

Conclusión: nuestro problema de eficacia recaudatoria NO se debe a nuestra economía sumergida. Y sí... muy a mi pesar me temo que no va a quedar otra que subir los impuestos.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Los datos son los datos (I)

Esta es la primera de tres entradas del blog con el título "Los datos son los datos". Cada una de las tres entradas se corresponde con el intento de contrastar mediante información públicamente disponible tres afirmaciones con las que me he topado.

Empezaré con el ejemplo más sencillo. Me encontré la siguiente frase atribuida a Fernando Savater:
 Me llamó la atención. No tengo la impresión de que la ópera sea especialmente barata, como tampoco lo son los libros, los festivales de teatro, etc. De hecho sospecho que aunque entiendo lo que Savater quiere decir esa frase es rotundamente falsa.

¿Cómo podemos comprobar si lo que dice Savater es cierto?. Lo cierto es que primero necesitaríamos una buena definición de "persona culta" y luego encontrar estadísticas sobre los patrones de ocio en relación a esa definición. Eso no existe, pero sí que podemos utilizar una variable relacionada con la anterior para la que sí tenemos estadísticas: el nivel de formación. Es cierto que hay doctores universitarios absolutamente cafres y gente con formación muy elemental que sin embargo han desarrollado un fuerte amor por la cultura pero el nivel de formación puede ser una variable indicativa bastante buena. No es arriesgado suponer que el grupo de licenciados universitarios será en promedio más culto que el de personas que no han finalizado los estudios primarios.

Si estamos de acuerdo en que el nivel de formación alcanzado puede ser una medida indirecta del nivel cultural tenemos suerte ya que podemos saber cuánto gastan en ocio las personas según su nivel de formación mediante la Encuesta de Presupuestos Familiares que publica el INE. En concreto podemos consultar los datos aquí.

Pongo aquí la tabla que muestra el INE para el año 2015 en relación al gasto efectuado en actividades de "Ocio, espectáculos y cultura", o sea, en terminología de Savater "el dinero que se necesita para rellenar el tiempo libre".


Como se puede ver tanto los gastos por hogar, como por persona son crecientes en la medida en la que crece el nivel de formación. Pero no solo eso: la proporción de gasto también. Un hogar cuyo sustentador principal no ha alcanzado la primera etapa de la educación secundaria destina un 3,65% de su gasto total a actividades de ocio mientras que uno cuyo sustentador principal tiene estudios universitarios pasa del 7%. No solo gastan más euros, también gastan una mayor proporción.

Los datos son los datos. 

miércoles, 8 de junio de 2016

¿De verdad se recauda más al reducir el fraude fiscal?


Se acercan las elecciones y todos los partidos prometen luchar contra el fraude fiscal. Vaya por delante que me parece que es lo que tienen que hacer todos. Me parece algo tan elemental que no entiendo cómo no hay grandes acuerdos todos los niveles para prevenirlo. Pero deben hacerlo por una mera razón de justicia.  Soy por el contrario muy escéptico respecto a la posibilidad de que una reducción del fraude mejore significativamente la situación de nuestras finanzas públicas.

"¿Cómo? Pedro... ¿te has vuelto loco o qué?. Si se recauda más mejoraremos nuestro déficit y dispondremos de más recursos públicos... ¿no?"

Sin duda ese es el argumento del titular del periódico cada vez que se desmantela una red de fraude, o cuando el ministro o consejero de turno nos vende los éxitos de su administración con cifras relativas a operaciones antifraude. Sin embargo yo no estoy muy seguro de que esos ingresos sean estrictamente adicionales al resto de recaudación. Pueden serlo a muy corto plazo pero sospecho que a largo plazo apenas signifiquen algo. Dicho de otra manera: lo que recaudas por un lado no lo recaudas por otro. Déjenme que me explique con un modelo muy, pero que muy sencillo.

LA RENTA TIENE UN FLUJO CIRCULAR

En cualquier manual de Economía se describe el "flujo circular de la renta". Funciona más o menos así: Patxi sale al monte y coge unos kg de hongos, acude a donde su amigo Martín (dueño de un restaurante) y se los vende por 100€. A continuación coge los 100€ y compra unos chuletones a Aitor (el carnicero) para invitar a sus amigos. Aitor con los 100€ paga a Raimundo, el mayorista de carne 80€ y con los otros 20€ paga a Félix, su empleado. Raimundo usa parte de los 80 para pagar a sus trabajadores y otra parte para pagar al ganadero, mientras que Félix va al restaurante de Martín y se toma un revuelto de hongos por 20€.... y así sucesivamente. Toda la economía del país está basada en una cadena interminable de intercambios que se suceden en el tiempo.

En el ejemplo que he puesto nadie ahorra (todo el dinero que reciben se lo gastan en los siguientes eslabones de la cadena) y nadie paga impuestos. Los 100€ iniciales de los hongos que cogió Patxi "reverberan" con igual intensidad en cada intercambio de forma indefinida. La renta que se genera a largo plazo es infinita (100+100+100+100+...). Sin embargo en la realidad no todo el mundo gasta todo lo que tiene: algunos retiran una parte y la ahorran de modo que en la siguiente iteración circula una menor cantidad de dinero. Por ejemplo si la tasa de ahorro es de un 10% en el ejemplo anterior Patxi habría gastado solo 90€ en chuletones y Aitor habría tenido que pagar menos a Raimundo por una cantidad inferior de carne, y a lo mejor Félix no se habría gastado todos los 20€ en el restaurante...

¿Hay alguna manera de poner orden en todo esto?

La verdad es que sí (por lo menos sobre el papel) y es el núcleo de los modelos keynesianos: el multiplicador.

EL MULTIPLICADOR KEYNESIANO

En el primer ejemplo, donde no había ahorro (donde nada salía del flujo circular de la renta) los efectos de la transacción inicial se multiplicaban hasta el infinito. La renta generada en un año equivaldría a la suma de las transacciones llevadas a cabo durante el mismo. Sin embargo en el modelo con ahorro la suma ya no es infinita sino que tiene un valor que podemos calcular. La suma sería:

100€ + 90€ + 81€ + 72,9€ + 65,61 + ....

esto es: la suma de los infinitos términos de una progresión geométrica de razón 0,9 (porque la tasa de ahorro es el 10%).

Si desempolvamos las matemáticas del instituto recordaremos que la fórmula para dicha suma es:

S = a1 / ( 1 - r)

En este caso: 100 / (1 - 0,9) = 1000

Los 100€ iniciales acaban generando una renta de casi 1000€ tras un número lo suficientemente alto de transacciones. El multiplicador es 10.

El modelo se puede complicar hasta la náusea y de hecho se hace. Pero parece que estoy divagando...

INTRODUZCAMOS LOS IMPUESTOS

Hasta ahora no hemos hablado de impuestos aquí y se supone que estoy hablando de recaudación fiscal y de fraude... centrémonos

Vamos al ejemplo anterior y supongamos que no hay ahorro pero que en cada transacción hay que satisfacer unos impuestos del 10%. A efectos numéricos el resultado es el mismo: si cada personaje satisface un 10% en impuestos cada vez que cobra lo que le queda de renta disponible es el 90% de su renta inicial. La suma de términos es la misma que la del ejemplo:

Sujeto:   Patxi -> Aitor -> Félix -> Raimundo...
Renta:     100  ->   90  ->    81 -> 72.9 -> ...
Impuestos:  10  ->    9  ->   8.1 -> 7.29 -> ...

Al final la renta generada suma 1000€ y los impuestos recaudados suman 100€ (aplicando la fórmula anterior para la línea de los impuestos).

Vamos a suponer ahora que algunos de nuestros personajes no son todo lo honrados que cabría esperar:

Sujeto:   Patxi -> Aitor -> Félix -> Raimundo...
Renta:     100  ->   100 ->    90 ->     90 -> ...
Impuestos:  0  ->     10 ->     0 ->      9 -> ...

Como vemos en el ejemplo Patxi y Félix son defraudadores. No pagan impuestos. Eso significa que tienen una mayor renta disponible que "traspasan" al siguiente escalón, que cobra más y simultaneamente tributa más de lo que hacía antes. En este ejemplo vemos que la suma (la renta total generada) es superior a la anterior, pero el estado recauda al final el mismo importe, aunque algo más tarde.

El modelo es infinitamente sencillo y es muy fácil complicarlo con supuestos más realistas pero me permite ilustrar lo que quiero decir. El hecho de que haya unos "jetas" que no pagan sus impuestos se propaga de forma positiva en las siguientes transacciones. Por poner un ejemplo ridículo pero sencillo: si atrapan al narcotraficante su jardinero se queda sin trabajo y no puede pagar impuestos.

"¿Estás justificando el fraude?... Jamás pensé eso de ti"

NO. No justifico el fraude de ninguna manera. Es más me repugna especialmente pero por otros motivos. De nuevo pongo otro ejemplo:

Luciano y Luis son fontaneros. Luciano es defraudador: ofrece presupuestos sin IVA, no tiene dados de alta a sus empleados en la seguridad social y además fuma puros en su despacho contraviniendo las normas laborales. Luis por el contrario cumple escrupulosamente con todas sus obligaciones fiscales y además hace deporte todas las mañanas. Luciano puede ofrecer presupuestos más baratos y hace muchos más trabajos que Luis. Además como no declara puede permitirse vivir a todo trapo en un chalet con piscina climatizada. Luis a veces se gana la vida y otras no. ¿Es justo esto? NO. El defraudador es un sinvergüenza porque delinque para obtener una posición de ventaja y tener un nivel de vida superior al que podría aspirar haciendo las cosas bien. Es por esto por lo que creo que la lucha contra el fraude debe intensificarse: por una mera cuestión de justicia tal y como decía al principio.

El modelo anterior no es más que una forma de ilustrar que en la medida que las cantidades defraudadas no salen del flujo de la renta tarde o temprano acaban pasando por taquilla. Por eso no creo que intensificar la lucha contra el fraude vaya a mejorar espectacularmente (algo sí, seguro, pero nada para volverse loco) el estado de nuestras finanzas. Lo recaudado por las unidades antifraude son una ilusión ya que lo que se deja de recaudar más adelante es "invisible". Eso sí, los que pagan están en peor situación que los que no pagan... y por ahí no debemos pasar.

Y ahora... después de leer esto ¿vais a volver a aceptar un presupuesto sin IVA?

domingo, 13 de septiembre de 2015

La cosa griega

Este pasado verano estuve disfrutando de un par de semanas de vacaciones en Grecia. Tengo la enorme suerte de contar con cicerones excepcionales lo cual siempre ayuda a salir un poco de esa visión extraterrestre del turista al llegar a cualquier sitio. Grecia es un destino formidable y os animo a visitarla, pero sobre todo os animo a coger un mapa y leer algo de su historia. A poder ser de su historia más reciente ya que por más que Alejandro Magno o Pericles sean parte del su orgulloso pasado no es menos cierto que son referentes tan antiguos que apenas ayudan a entender qué es Grecia hoy día. 

Yo pensaba (en realidad no, pero permítame el lector una cierta licencia) que acercarme al terreno durante quince días me permitiría tomar un contacto con la realidad griega capaz de iluminarme sobre los recientes acontecimientos en el país. Lo cierto es que no lo conseguí. Tengo relativamente claro lo que ha pasado con Grecia en los últimos tiempos, pero este conocimiento no lo he adquirido allí. Hablando con la gente (mis amigos, la gerente de los apartamentos donde nos alojamos, el pastelero que me vendía cada día la μπουγάτσα,...) he conocido detalles pero no ha cambiado mi percepción de lo que allí ha ocurrido. He notado el cabreo y el desánimo. Pero el cabreo y el desánimo no son buenos compañeros ni para diagnosticar el problema ni para afrontar sus soluciones, especialmente cuando la solución no es otra que ponerse en pie, levantar la cabeza y empezar casi desde cero. 
μπουγάτσα (bugacha de crema)

Y es que la mayor parte de los griegos se pueden sentir como el servicio doméstico de Bárcenas: han estado trabajando honradamente y cobrando durante años y ahora se han quedado sin trabajo y sin dinero porque su jefe está en la cárcel. Los griegos saben que sus jefes (los sucesivos gobiernos desde hace decenios) han sido un desastre... pero no se sienten responsables de lo ocurrido. Sin embargo si están sufriendo las consecuencias. Ahora el malo es la "troika" como si el malo fuese el juez que impide a la señora de Bárcenas disponer de dinero para seguir pagando al servicio doméstico... 

No. No he entendido nada más ni mejor. Pero poco a poco voy aprendiendo a amar a un país con el que cada vez me van uniendo más vínculos. ¡Quién me iba a decir hace unos años que yo iba a tener dos sobrinos griegos!.

lunes, 8 de junio de 2015

Sobre el IVA, progresividad y mi amigo Ambrosio

A raíz de la declaración de hoy del FMI me preguntaba mi amigo Ambrosio (@Ambros_Liceaga) sobre el IVA y si en realidad era un impuesto regresivo. La conversación ha sido breve:


Y en esas estamos.


¿Qué entendemos por "progresividad" de un impuesto?¿Qué entendemos por un impuesto "regresivo"?


Diremos que un impuesto es progresivo cuando la proporción que pagamos de ese impuesto aumenta al aumentar la renta. Si una persona que gana 1.000 paga 100 de impuestos y una persona que gana 2.000 paga 220 de impuestos es un impuesto progresivo. Si la proporción fuese la misma (si el del 2.000 pagase 200) hablaríamos de un impuesto proporcional. Si la proporción cae hablamos de un impuesto regresivo.


La mayor parte de los países del mundo sostienen que sus ciudadanos contribuirán a las arcas públicas según su capacidad de pago y de forma progresiva. Aunque hay justificaciones de puro cálculo para defender la progresividad de un sistema fiscal el argumento principal suele ser un argumento político, de pura justicia redistributiva. El grado de progresividad sin embargo es una cuestión más discutida.


¿Por qué el IVA es regresivo?


Supongamos por un momento para no complicar la explicación que solo existe un tipo de IVA, el 10% (que es muy fácil de calcular y así no nos perdemos). Puesto que el IVA es un impuesto al consumo la cantidad satisfecha por IVA será directamente proporcional al consumo de cada cual. Si todo el mundo consume la misma proporción de su renta (pongamos un 80%) todo el mundo pagaría un 8% de IVA de modo que estaríamos ante un impuesto proporcional. Sin embargo es bien sabido que las personas de rentas más bajas tienden a consumir una proporción de su renta mayor mientras que las rentas altas destinan una mayor proporción al ahorro (con la renta disponible solo se pueden hacer dos cosas: consumirla o ahorrarla). Así pues si una persona de renta baja consume un 90% de su renta paga un 9% de IVA mientras que si se trata de una persona de renta más alta que consume un 70% sólo el 7% de su renta se dedicará a satisfacer el IVA.


Relajemos ahora el supuesto de un único tipo de IVA. De hecho tenemos varios tipos: algunas actividades como la educación van a tipo 0%, bienes "de primera necesidad" van a un tipo superreducido del 4% y luego tenemos un tipo reducido del 10% y otro general del 21%. La introducción de diferentes tipos pretende en principio corregir la regresividad del impuesto haciendo que recaiga un tipo mayor sobre aquellos productos que entran en una mayor proporción en las cestas de bienes de las rentas más altas. Hay también grupos de presión (empresarios y productores) que tratan de utilizar el tipo de IVA como un instrumento para favorecer a determinadas industrias sin atender a si el bien en cuestión es consumido principalmente por rentas altas medias o bajas. Véase por ejemplo la bronca con el IVA de los espectáculos culturales que son un producto consumido en mayor proporción por gente de rentas más altas. (¿A que ahora vemos el tema del "IVA cultural" de otra manera?).


Los tipos de IVA distintos intentan pues corregir el sesgo regresivo del impuesto pero hay que darse cuenta de que no discriminan realmente por renta sino que tienen más que ver con los patrones de consumo y en definitiva los gustos o las preferencias. El jamón de cinco "jotas" o el caviar son alimentos y van al 10% y los pañales van al 21%....


Pero has dicho que los impuestos deben ser progresivos y a la vez que el IVA mejor dejarlo así ¿Cómo se come eso?


Sí; opino que el sistema fiscal debe ser progresivo en su conjunto. Así por ejemplo lo recoge el informe Mirrlees  "Tax by Design" que se puede encontrar aquí  . El informe es un estudio realizado por un grupo de expertos para el Reino Unido donde se describe gran parte de lo que sabemos hasta la fecha sobre cómo establecer un sistema impositivo óptimo ("obtener del ganso el mayor número de plumas con el menor número de graznidos") si se pudiera hacer desde cero. El informe es una lectura interesante además para conocer los efectos deseados e indeseados de cada forma de tributación. Que el sistema fiscal sea progresivo para alcanzar los objetivos de redistribución deseados se puede conseguir diseñando bien el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas y dejando un IVA lo más neutral posible.


Establecer un sistema de IVA progresivo tiene más inconvenientes que ventajas. Antes he señalado que al no establecerse directamente sobre la renta sino sobre las pautas de consumo penaliza o beneficia a determinadas personas dependiendo de algo tan arbitrario como sus preferencias personales. Pero eso no es lo peor. El problema es que cada vez que discriminamos productos colocándoles tipos de IVA distintos estamos distorsionando el sistema de precios y enviando señales erróneas al sistema productivo. No olvidemos que el principal problema que resuelve el sistema económico es el de qué producir. Pongamos un ejemplo sencillo para que se entienda lo que quiero decir:


Supongamos que mi amigo Ambrosio es recolector de setas. Todas las mañanas se levanta y se va al monte, coge una cesta de setas del tipo que sea y vuelve a mediodía al mercado donde las vende. Supongamos que hay dos tipos de setas las rojas y las amarillas que se encuentran en lugares distintos, de modo que por la mañana ha de decidir si va a coger setas rojas o amarillas. Supongamos que ambos tipos de setas son igual de fáciles de encontrar. Supongamos ahora que el precio de las setas amarillas es más alto: Ambrosio se levantará por la mañana y con el mismo esfuerzo traerá setas amarillas ya que son las que recompensan mejor su trabajo. El hecho de que las setas amarillas sean más caras cuando cuesta lo mismo producirlas nos permite deducir que a la gente le gustan más. Pagando un precio más alto por ellas estimulan a los buscadores de setas a buscar las amarillas y a dejar las rojas. Imaginemos que decidimos poner un impuesto (IVA) a las setas amarillas, que no lo olvidemos, son un producto más caro que las rojas. El precio de las setas amarillas subirá (haciendo que menos gente las demande) al mismo tiempo que el precio percibido por ellas por parte de Ambrosio bajará (para una explicación de este fenómeno ver mi entrada aquí ). La situación final es que hay gente comiendo setas rojas en lugar de amarillas que les gustan más y que a su coste de producción podrían permitirse. Este fenómeno llevado a la escala de toda la economía implica unas enormes pérdidas de eficiencia y bienestar: se produce lo que sale barato fiscalmente y no los que los consumidores querrían dado su coste real de producción.


Conclusión


El IVA es un impuesto a priori regresivo. Es una mala herramienta para la redistribución y su manipulación indiscriminada distorsiona las señales que el sistema de precios envía desde los consumidores a los productores. Tipos distintos de IVA para distintos productos son la herramienta perfecta para que los lobbies de productores intenten favorecer sus productos. Para garantizar la progresividad del sistema fiscal en su conjunto y alcanzar los objetivos redistributivos que en cada momento se fijen es mejor utilizar el IRPF; es mucho más justo y eficiente.

jueves, 4 de junio de 2015

Un argumento económico a favor de la obligatoriedad de la vacunación


Uno de los problemas clásicos estudiados por la Microeconomía es el de los bienes públicos. El concepto de bien público que manejamos los economistas es un poco distinto de lo que habitualmente se entiende por él. Un bien público es un bien que tiene dos características:

- no es excluible, esto es, no se puede impedir su uso a una persona y

- no es rival: su consumo por parte de un individuo no reduce la cantidad de la que los demás pueden disponer.



El ejemplo de libro de bien público es el del faro para guiar a los barcos: no podemos evitar que un barco en concreto pueda verlo y en consecuencia utilizarlo (no es excluible) y el hecho de que un barco esté haciendo uso del faro no excluye que otros puedan usarlo simultáneamente (no es rival).



Hay algunos bienes como la educación que no son propiamente un bien público (es excluible y en cierta medida es rival) pero se analiza como tal puesto que la mayor parte de países han tomado la decisión política de tratarla como tal y financiarla con dinero público.



Pero volvamos a los bienes públicos puros… estos bienes presentan un problema de cara a proveer una cantidad óptima del mismo. Veámoslo con un ejemplo:



Supongamos que mi calle es muy oscura y a todos los vecinos nos gustaría que hubiese una farola para iluminarla por la noche. Vamos a suponer que las farolas cuestan 1.000€ y somos 100 vecinos. En principio todos estaríamos dispuestos a poner una cantidad, pongamos 20€, para financiarlas. No debería haber problema para recaudar entonces los 1.000€ necesarios. Sin embargo, algún vecino puede pensar que si él no paga “a escote” el resto de vecinos pondrán su parte. El se beneficiará de la farola pero no habrá pagado nada. Mientras sólo sea un vecino el que piensa esto el problema no es muy grave… el resto pondrán un poco más y soportarán al “gorrón”. Sin embargo el número de gorrones puede ser muy superior (“si ese no paga, yo tampoco”) y en ese caso las farolas no se instalarán y todos salen perjudicados. Esta es la esencia del problema de los bienes públicos: el mercado por sí solo no es capaz de asegurar la provisión de una cantidad óptima de los mismos.



Hay diversos mecanismos para asegurar la provisión de bienes públicos (es un tema que no se resuelve en una entrada en un blog, creedme), pero hay uno de ellos bastante común: el sector público (gobierno, ayuntamiento, o asamblea de la comunidad de vecinos) decide la provisión del bien público correspondiente y recauda vía impuestos (o derramas, o cuotas) los recursos necesarios para financiarlo.



Recientemente ha surgido un caso interesante en relación a un bien público que entiendo debemos preservar. Me refiero a la inmunidad frente a la difteria, y por extensión, frente a otras enfermedades.



El problema de la inmunidad tiene dos partes. Por un lado uno puede elegir vacunarse y adquirir una cierta inmunidad individual frente a la enfermedad. Esa inmunidad individual no es un bien público, es un bien privado: es excluyente (la recibe quien se vacuna) y es rival (si una dosis de vacuna me la pongo yo no te la puedes poner tú). No todas las personas tienen la misma respuesta inmune y no todas van a quedar perfectamente inmunizadas pero el hecho de que mucha gente se vacune proporciona un efecto denominado inmunidad de grupo: si mucha gente es inmune el germen causante de la enfermedad se diseminará menos de modo que las personas no vacunadas o aquellos cuya respuesta inmune haya sido baja disfrutan de una inmunidad de grupo: no se infectarán porque la enfermedad no circula.



Las vacunas tienen un pequeño coste: la molestia del pinchazo, tal vez un poco de fiebre en algunos casos, pero su efectividad está más que demostrada y sus efectos secundarios son muy leves. El consenso científico sobre este extremo es abrumador. Sin embargo hay gente que decide no vacunar a sus hijos. Mientras estas personas sean pocas no son más que gorrones de la inmunidad de grupo, como el vecino que no quería pagar la farola. El problema es que la proporción es creciente y el bien público que debemos preservar, la inmunidad de grupo, puede correr peligro. De la misma manera que pagar impuestos no es voluntario, excepto que uno decida mudarse a otro país, la decisión de vacunarse tampoco debería serlo. Sería preferible que todo el mundo actuase de forma responsable de forma voluntaria, pero si el caso no se da, creo que el Estado debe imponer la obligatoriedad de la vacunación por el bien de todos.

lunes, 20 de abril de 2015

"Ideología con ecuaciones"



"La Economía no es una ciencia; es ideología con ecuaciones". Esa es la frase que dicen que soltó (yo no lo vi) el ministro griego Varoufakis en una entrevista en televisión recientemente. Vi en mi Twitter que la frase provocaba alborozo y regocijo en algunas de las personas a las que sigo y en muchas otras cuyas reacciones fueron retuiteadas.

Como bien saben quienes conocen mi opinión sobre el tema no me gustan las discusiones bizantinas y la de si algo es una ciencia o no lo es acaba siéndolo: todo depende de la definición de ciencia que cada cual da amoldándola a sus preferencias para que incluya o no a su disciplina favorita. Como digo, la discusión no me preocupa. Lo que sí me preocupa es que se pueda avanzar en determinadas áreas de conocimiento con rigor, disciplina, con metodologías generalmente aceptadas y con exposición a la contrastación empírica de las afirmaciones. Desde ese punto de vista poco me importa si se considera o no una ciencia a la Economía: me preocupa que encontremos respuestas válidas a problemas interesantes. Y sea o no sea una ciencia eso no quiere decir que cualquier afirmación o propuesta de cualquier orientación ideológica sea sólida o soporte el más mínimo envite: se dicen muchísimas chorradas a derecha e izquierda amparadas por una supuesta pureza ideológica.

Pasemos a la segunda parte de la frase: "ideología con ecuaciones". Vamos a darla por buena por un momento (aunque creo que es una boutade) como dicen los anglosajones for the sake of the argument. Supongamos que una ideología (conjunto de creencias, preferencias, ideas y explicaciones sobre el funcionamiento del mundo) puede ser expresada de forma matemática: "con ecuaciones". Lo primero que me viene a la cabeza es que por lo menos dicha ideología ha de ser capaz de soportar la coherencia lógica interna que un conjunto de ecuaciones matemáticas impone. En principio yo diria que es un punto a favor. Pero hay algo más: si somos capaces de expresar de forma matemática un conjunto de ideas no sólo contrastamos su coherencia lógica sino que también abrimos la puerta a algo mucho más interesante: a la cuantificación y contrastación empírica de dicho conjunto de ideas. De modo que si somos capaces de contrastar empíricamente la robustez de unos postulados cuantificables... ¿podemos seguir diciendo que eso es una "ideología"?. Tal vez sí, pero una ideología con unos argumentos de verosimilitud muy superiores a otras ideologías cuyo único argumento es la mala retórica opuesta a los datos, a la empiria, a la contrastación. Las movimientos de los astros celestes pudieron ser tema de debate ideológico en el pasado. Una vez que se postulan las leyes que explican su movimiento y dichas leyes se contrastan mediante la observación dejamos de hablar de ideología para hablar, sí... la palabra maldita... para hablar de ciencia.