miércoles, 8 de junio de 2016

¿De verdad se recauda más al reducir el fraude fiscal?


Se acercan las elecciones y todos los partidos prometen luchar contra el fraude fiscal. Vaya por delante que me parece que es lo que tienen que hacer todos. Me parece algo tan elemental que no entiendo cómo no hay grandes acuerdos todos los niveles para prevenirlo. Pero deben hacerlo por una mera razón de justicia.  Soy por el contrario muy escéptico respecto a la posibilidad de que una reducción del fraude mejore significativamente la situación de nuestras finanzas públicas.

"¿Cómo? Pedro... ¿te has vuelto loco o qué?. Si se recauda más mejoraremos nuestro déficit y dispondremos de más recursos públicos... ¿no?"

Sin duda ese es el argumento del titular del periódico cada vez que se desmantela una red de fraude, o cuando el ministro o consejero de turno nos vende los éxitos de su administración con cifras relativas a operaciones antifraude. Sin embargo yo no estoy muy seguro de que esos ingresos sean estrictamente adicionales al resto de recaudación. Pueden serlo a muy corto plazo pero sospecho que a largo plazo apenas signifiquen algo. Dicho de otra manera: lo que recaudas por un lado no lo recaudas por otro. Déjenme que me explique con un modelo muy, pero que muy sencillo.

LA RENTA TIENE UN FLUJO CIRCULAR

En cualquier manual de Economía se describe el "flujo circular de la renta". Funciona más o menos así: Patxi sale al monte y coge unos kg de hongos, acude a donde su amigo Martín (dueño de un restaurante) y se los vende por 100€. A continuación coge los 100€ y compra unos chuletones a Aitor (el carnicero) para invitar a sus amigos. Aitor con los 100€ paga a Raimundo, el mayorista de carne 80€ y con los otros 20€ paga a Félix, su empleado. Raimundo usa parte de los 80 para pagar a sus trabajadores y otra parte para pagar al ganadero, mientras que Félix va al restaurante de Martín y se toma un revuelto de hongos por 20€.... y así sucesivamente. Toda la economía del país está basada en una cadena interminable de intercambios que se suceden en el tiempo.

En el ejemplo que he puesto nadie ahorra (todo el dinero que reciben se lo gastan en los siguientes eslabones de la cadena) y nadie paga impuestos. Los 100€ iniciales de los hongos que cogió Patxi "reverberan" con igual intensidad en cada intercambio de forma indefinida. La renta que se genera a largo plazo es infinita (100+100+100+100+...). Sin embargo en la realidad no todo el mundo gasta todo lo que tiene: algunos retiran una parte y la ahorran de modo que en la siguiente iteración circula una menor cantidad de dinero. Por ejemplo si la tasa de ahorro es de un 10% en el ejemplo anterior Patxi habría gastado solo 90€ en chuletones y Aitor habría tenido que pagar menos a Raimundo por una cantidad inferior de carne, y a lo mejor Félix no se habría gastado todos los 20€ en el restaurante...

¿Hay alguna manera de poner orden en todo esto?

La verdad es que sí (por lo menos sobre el papel) y es el núcleo de los modelos keynesianos: el multiplicador.

EL MULTIPLICADOR KEYNESIANO

En el primer ejemplo, donde no había ahorro (donde nada salía del flujo circular de la renta) los efectos de la transacción inicial se multiplicaban hasta el infinito. La renta generada en un año equivaldría a la suma de las transacciones llevadas a cabo durante el mismo. Sin embargo en el modelo con ahorro la suma ya no es infinita sino que tiene un valor que podemos calcular. La suma sería:

100€ + 90€ + 81€ + 72,9€ + 65,61 + ....

esto es: la suma de los infinitos términos de una progresión geométrica de razón 0,9 (porque la tasa de ahorro es el 10%).

Si desempolvamos las matemáticas del instituto recordaremos que la fórmula para dicha suma es:

S = a1 / ( 1 - r)

En este caso: 100 / (1 - 0,9) = 1000

Los 100€ iniciales acaban generando una renta de casi 1000€ tras un número lo suficientemente alto de transacciones. El multiplicador es 10.

El modelo se puede complicar hasta la náusea y de hecho se hace. Pero parece que estoy divagando...

INTRODUZCAMOS LOS IMPUESTOS

Hasta ahora no hemos hablado de impuestos aquí y se supone que estoy hablando de recaudación fiscal y de fraude... centrémonos

Vamos al ejemplo anterior y supongamos que no hay ahorro pero que en cada transacción hay que satisfacer unos impuestos del 10%. A efectos numéricos el resultado es el mismo: si cada personaje satisface un 10% en impuestos cada vez que cobra lo que le queda de renta disponible es el 90% de su renta inicial. La suma de términos es la misma que la del ejemplo:

Sujeto:   Patxi -> Aitor -> Félix -> Raimundo...
Renta:     100  ->   90  ->    81 -> 72.9 -> ...
Impuestos:  10  ->    9  ->   8.1 -> 7.29 -> ...

Al final la renta generada suma 1000€ y los impuestos recaudados suman 100€ (aplicando la fórmula anterior para la línea de los impuestos).

Vamos a suponer ahora que algunos de nuestros personajes no son todo lo honrados que cabría esperar:

Sujeto:   Patxi -> Aitor -> Félix -> Raimundo...
Renta:     100  ->   100 ->    90 ->     90 -> ...
Impuestos:  0  ->     10 ->     0 ->      9 -> ...

Como vemos en el ejemplo Patxi y Félix son defraudadores. No pagan impuestos. Eso significa que tienen una mayor renta disponible que "traspasan" al siguiente escalón, que cobra más y simultaneamente tributa más de lo que hacía antes. En este ejemplo vemos que la suma (la renta total generada) es superior a la anterior, pero el estado recauda al final el mismo importe, aunque algo más tarde.

El modelo es infinitamente sencillo y es muy fácil complicarlo con supuestos más realistas pero me permite ilustrar lo que quiero decir. El hecho de que haya unos "jetas" que no pagan sus impuestos se propaga de forma positiva en las siguientes transacciones. Por poner un ejemplo ridículo pero sencillo: si atrapan al narcotraficante su jardinero se queda sin trabajo y no puede pagar impuestos.

"¿Estás justificando el fraude?... Jamás pensé eso de ti"

NO. No justifico el fraude de ninguna manera. Es más me repugna especialmente pero por otros motivos. De nuevo pongo otro ejemplo:

Luciano y Luis son fontaneros. Luciano es defraudador: ofrece presupuestos sin IVA, no tiene dados de alta a sus empleados en la seguridad social y además fuma puros en su despacho contraviniendo las normas laborales. Luis por el contrario cumple escrupulosamente con todas sus obligaciones fiscales y además hace deporte todas las mañanas. Luciano puede ofrecer presupuestos más baratos y hace muchos más trabajos que Luis. Además como no declara puede permitirse vivir a todo trapo en un chalet con piscina climatizada. Luis a veces se gana la vida y otras no. ¿Es justo esto? NO. El defraudador es un sinvergüenza porque delinque para obtener una posición de ventaja y tener un nivel de vida superior al que podría aspirar haciendo las cosas bien. Es por esto por lo que creo que la lucha contra el fraude debe intensificarse: por una mera cuestión de justicia tal y como decía al principio.

El modelo anterior no es más que una forma de ilustrar que en la medida que las cantidades defraudadas no salen del flujo de la renta tarde o temprano acaban pasando por taquilla. Por eso no creo que intensificar la lucha contra el fraude vaya a mejorar espectacularmente (algo sí, seguro, pero nada para volverse loco) el estado de nuestras finanzas. Lo recaudado por las unidades antifraude son una ilusión ya que lo que se deja de recaudar más adelante es "invisible". Eso sí, los que pagan están en peor situación que los que no pagan... y por ahí no debemos pasar.

Y ahora... después de leer esto ¿vais a volver a aceptar un presupuesto sin IVA?

domingo, 13 de septiembre de 2015

La cosa griega

Este pasado verano estuve disfrutando de un par de semanas de vacaciones en Grecia. Tengo la enorme suerte de contar con cicerones excepcionales lo cual siempre ayuda a salir un poco de esa visión extraterrestre del turista al llegar a cualquier sitio. Grecia es un destino formidable y os animo a visitarla, pero sobre todo os animo a coger un mapa y leer algo de su historia. A poder ser de su historia más reciente ya que por más que Alejandro Magno o Pericles sean parte del su orgulloso pasado no es menos cierto que son referentes tan antiguos que apenas ayudan a entender qué es Grecia hoy día. 

Yo pensaba (en realidad no, pero permítame el lector una cierta licencia) que acercarme al terreno durante quince días me permitiría tomar un contacto con la realidad griega capaz de iluminarme sobre los recientes acontecimientos en el país. Lo cierto es que no lo conseguí. Tengo relativamente claro lo que ha pasado con Grecia en los últimos tiempos, pero este conocimiento no lo he adquirido allí. Hablando con la gente (mis amigos, la gerente de los apartamentos donde nos alojamos, el pastelero que me vendía cada día la μπουγάτσα,...) he conocido detalles pero no ha cambiado mi percepción de lo que allí ha ocurrido. He notado el cabreo y el desánimo. Pero el cabreo y el desánimo no son buenos compañeros ni para diagnosticar el problema ni para afrontar sus soluciones, especialmente cuando la solución no es otra que ponerse en pie, levantar la cabeza y empezar casi desde cero. 
μπουγάτσα (bugacha de crema)

Y es que la mayor parte de los griegos se pueden sentir como el servicio doméstico de Bárcenas: han estado trabajando honradamente y cobrando durante años y ahora se han quedado sin trabajo y sin dinero porque su jefe está en la cárcel. Los griegos saben que sus jefes (los sucesivos gobiernos desde hace decenios) han sido un desastre... pero no se sienten responsables de lo ocurrido. Sin embargo si están sufriendo las consecuencias. Ahora el malo es la "troika" como si el malo fuese el juez que impide a la señora de Bárcenas disponer de dinero para seguir pagando al servicio doméstico... 

No. No he entendido nada más ni mejor. Pero poco a poco voy aprendiendo a amar a un país con el que cada vez me van uniendo más vínculos. ¡Quién me iba a decir hace unos años que yo iba a tener dos sobrinos griegos!.

lunes, 8 de junio de 2015

Sobre el IVA, progresividad y mi amigo Ambrosio

A raíz de la declaración de hoy del FMI me preguntaba mi amigo Ambrosio (@Ambros_Liceaga) sobre el IVA y si en realidad era un impuesto regresivo. La conversación ha sido breve:


Y en esas estamos.


¿Qué entendemos por "progresividad" de un impuesto?¿Qué entendemos por un impuesto "regresivo"?


Diremos que un impuesto es progresivo cuando la proporción que pagamos de ese impuesto aumenta al aumentar la renta. Si una persona que gana 1.000 paga 100 de impuestos y una persona que gana 2.000 paga 220 de impuestos es un impuesto progresivo. Si la proporción fuese la misma (si el del 2.000 pagase 200) hablaríamos de un impuesto proporcional. Si la proporción cae hablamos de un impuesto regresivo.


La mayor parte de los países del mundo sostienen que sus ciudadanos contribuirán a las arcas públicas según su capacidad de pago y de forma progresiva. Aunque hay justificaciones de puro cálculo para defender la progresividad de un sistema fiscal el argumento principal suele ser un argumento político, de pura justicia redistributiva. El grado de progresividad sin embargo es una cuestión más discutida.


¿Por qué el IVA es regresivo?


Supongamos por un momento para no complicar la explicación que solo existe un tipo de IVA, el 10% (que es muy fácil de calcular y así no nos perdemos). Puesto que el IVA es un impuesto al consumo la cantidad satisfecha por IVA será directamente proporcional al consumo de cada cual. Si todo el mundo consume la misma proporción de su renta (pongamos un 80%) todo el mundo pagaría un 8% de IVA de modo que estaríamos ante un impuesto proporcional. Sin embargo es bien sabido que las personas de rentas más bajas tienden a consumir una proporción de su renta mayor mientras que las rentas altas destinan una mayor proporción al ahorro (con la renta disponible solo se pueden hacer dos cosas: consumirla o ahorrarla). Así pues si una persona de renta baja consume un 90% de su renta paga un 9% de IVA mientras que si se trata de una persona de renta más alta que consume un 70% sólo el 7% de su renta se dedicará a satisfacer el IVA.


Relajemos ahora el supuesto de un único tipo de IVA. De hecho tenemos varios tipos: algunas actividades como la educación van a tipo 0%, bienes "de primera necesidad" van a un tipo superreducido del 4% y luego tenemos un tipo reducido del 10% y otro general del 21%. La introducción de diferentes tipos pretende en principio corregir la regresividad del impuesto haciendo que recaiga un tipo mayor sobre aquellos productos que entran en una mayor proporción en las cestas de bienes de las rentas más altas. Hay también grupos de presión (empresarios y productores) que tratan de utilizar el tipo de IVA como un instrumento para favorecer a determinadas industrias sin atender a si el bien en cuestión es consumido principalmente por rentas altas medias o bajas. Véase por ejemplo la bronca con el IVA de los espectáculos culturales que son un producto consumido en mayor proporción por gente de rentas más altas. (¿A que ahora vemos el tema del "IVA cultural" de otra manera?).


Los tipos de IVA distintos intentan pues corregir el sesgo regresivo del impuesto pero hay que darse cuenta de que no discriminan realmente por renta sino que tienen más que ver con los patrones de consumo y en definitiva los gustos o las preferencias. El jamón de cinco "jotas" o el caviar son alimentos y van al 10% y los pañales van al 21%....


Pero has dicho que los impuestos deben ser progresivos y a la vez que el IVA mejor dejarlo así ¿Cómo se come eso?


Sí; opino que el sistema fiscal debe ser progresivo en su conjunto. Así por ejemplo lo recoge el informe Mirrlees  "Tax by Design" que se puede encontrar aquí  . El informe es un estudio realizado por un grupo de expertos para el Reino Unido donde se describe gran parte de lo que sabemos hasta la fecha sobre cómo establecer un sistema impositivo óptimo ("obtener del ganso el mayor número de plumas con el menor número de graznidos") si se pudiera hacer desde cero. El informe es una lectura interesante además para conocer los efectos deseados e indeseados de cada forma de tributación. Que el sistema fiscal sea progresivo para alcanzar los objetivos de redistribución deseados se puede conseguir diseñando bien el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas y dejando un IVA lo más neutral posible.


Establecer un sistema de IVA progresivo tiene más inconvenientes que ventajas. Antes he señalado que al no establecerse directamente sobre la renta sino sobre las pautas de consumo penaliza o beneficia a determinadas personas dependiendo de algo tan arbitrario como sus preferencias personales. Pero eso no es lo peor. El problema es que cada vez que discriminamos productos colocándoles tipos de IVA distintos estamos distorsionando el sistema de precios y enviando señales erróneas al sistema productivo. No olvidemos que el principal problema que resuelve el sistema económico es el de qué producir. Pongamos un ejemplo sencillo para que se entienda lo que quiero decir:


Supongamos que mi amigo Ambrosio es recolector de setas. Todas las mañanas se levanta y se va al monte, coge una cesta de setas del tipo que sea y vuelve a mediodía al mercado donde las vende. Supongamos que hay dos tipos de setas las rojas y las amarillas que se encuentran en lugares distintos, de modo que por la mañana ha de decidir si va a coger setas rojas o amarillas. Supongamos que ambos tipos de setas son igual de fáciles de encontrar. Supongamos ahora que el precio de las setas amarillas es más alto: Ambrosio se levantará por la mañana y con el mismo esfuerzo traerá setas amarillas ya que son las que recompensan mejor su trabajo. El hecho de que las setas amarillas sean más caras cuando cuesta lo mismo producirlas nos permite deducir que a la gente le gustan más. Pagando un precio más alto por ellas estimulan a los buscadores de setas a buscar las amarillas y a dejar las rojas. Imaginemos que decidimos poner un impuesto (IVA) a las setas amarillas, que no lo olvidemos, son un producto más caro que las rojas. El precio de las setas amarillas subirá (haciendo que menos gente las demande) al mismo tiempo que el precio percibido por ellas por parte de Ambrosio bajará (para una explicación de este fenómeno ver mi entrada aquí ). La situación final es que hay gente comiendo setas rojas en lugar de amarillas que les gustan más y que a su coste de producción podrían permitirse. Este fenómeno llevado a la escala de toda la economía implica unas enormes pérdidas de eficiencia y bienestar: se produce lo que sale barato fiscalmente y no los que los consumidores querrían dado su coste real de producción.


Conclusión


El IVA es un impuesto a priori regresivo. Es una mala herramienta para la redistribución y su manipulación indiscriminada distorsiona las señales que el sistema de precios envía desde los consumidores a los productores. Tipos distintos de IVA para distintos productos son la herramienta perfecta para que los lobbies de productores intenten favorecer sus productos. Para garantizar la progresividad del sistema fiscal en su conjunto y alcanzar los objetivos redistributivos que en cada momento se fijen es mejor utilizar el IRPF; es mucho más justo y eficiente.

jueves, 4 de junio de 2015

Un argumento económico a favor de la obligatoriedad de la vacunación


Uno de los problemas clásicos estudiados por la Microeconomía es el de los bienes públicos. El concepto de bien público que manejamos los economistas es un poco distinto de lo que habitualmente se entiende por él. Un bien público es un bien que tiene dos características:

- no es excluible, esto es, no se puede impedir su uso a una persona y

- no es rival: su consumo por parte de un individuo no reduce la cantidad de la que los demás pueden disponer.



El ejemplo de libro de bien público es el del faro para guiar a los barcos: no podemos evitar que un barco en concreto pueda verlo y en consecuencia utilizarlo (no es excluible) y el hecho de que un barco esté haciendo uso del faro no excluye que otros puedan usarlo simultáneamente (no es rival).



Hay algunos bienes como la educación que no son propiamente un bien público (es excluible y en cierta medida es rival) pero se analiza como tal puesto que la mayor parte de países han tomado la decisión política de tratarla como tal y financiarla con dinero público.



Pero volvamos a los bienes públicos puros… estos bienes presentan un problema de cara a proveer una cantidad óptima del mismo. Veámoslo con un ejemplo:



Supongamos que mi calle es muy oscura y a todos los vecinos nos gustaría que hubiese una farola para iluminarla por la noche. Vamos a suponer que las farolas cuestan 1.000€ y somos 100 vecinos. En principio todos estaríamos dispuestos a poner una cantidad, pongamos 20€, para financiarlas. No debería haber problema para recaudar entonces los 1.000€ necesarios. Sin embargo, algún vecino puede pensar que si él no paga “a escote” el resto de vecinos pondrán su parte. El se beneficiará de la farola pero no habrá pagado nada. Mientras sólo sea un vecino el que piensa esto el problema no es muy grave… el resto pondrán un poco más y soportarán al “gorrón”. Sin embargo el número de gorrones puede ser muy superior (“si ese no paga, yo tampoco”) y en ese caso las farolas no se instalarán y todos salen perjudicados. Esta es la esencia del problema de los bienes públicos: el mercado por sí solo no es capaz de asegurar la provisión de una cantidad óptima de los mismos.



Hay diversos mecanismos para asegurar la provisión de bienes públicos (es un tema que no se resuelve en una entrada en un blog, creedme), pero hay uno de ellos bastante común: el sector público (gobierno, ayuntamiento, o asamblea de la comunidad de vecinos) decide la provisión del bien público correspondiente y recauda vía impuestos (o derramas, o cuotas) los recursos necesarios para financiarlo.



Recientemente ha surgido un caso interesante en relación a un bien público que entiendo debemos preservar. Me refiero a la inmunidad frente a la difteria, y por extensión, frente a otras enfermedades.



El problema de la inmunidad tiene dos partes. Por un lado uno puede elegir vacunarse y adquirir una cierta inmunidad individual frente a la enfermedad. Esa inmunidad individual no es un bien público, es un bien privado: es excluyente (la recibe quien se vacuna) y es rival (si una dosis de vacuna me la pongo yo no te la puedes poner tú). No todas las personas tienen la misma respuesta inmune y no todas van a quedar perfectamente inmunizadas pero el hecho de que mucha gente se vacune proporciona un efecto denominado inmunidad de grupo: si mucha gente es inmune el germen causante de la enfermedad se diseminará menos de modo que las personas no vacunadas o aquellos cuya respuesta inmune haya sido baja disfrutan de una inmunidad de grupo: no se infectarán porque la enfermedad no circula.



Las vacunas tienen un pequeño coste: la molestia del pinchazo, tal vez un poco de fiebre en algunos casos, pero su efectividad está más que demostrada y sus efectos secundarios son muy leves. El consenso científico sobre este extremo es abrumador. Sin embargo hay gente que decide no vacunar a sus hijos. Mientras estas personas sean pocas no son más que gorrones de la inmunidad de grupo, como el vecino que no quería pagar la farola. El problema es que la proporción es creciente y el bien público que debemos preservar, la inmunidad de grupo, puede correr peligro. De la misma manera que pagar impuestos no es voluntario, excepto que uno decida mudarse a otro país, la decisión de vacunarse tampoco debería serlo. Sería preferible que todo el mundo actuase de forma responsable de forma voluntaria, pero si el caso no se da, creo que el Estado debe imponer la obligatoriedad de la vacunación por el bien de todos.

lunes, 20 de abril de 2015

"Ideología con ecuaciones"



"La Economía no es una ciencia; es ideología con ecuaciones". Esa es la frase que dicen que soltó (yo no lo vi) el ministro griego Varoufakis en una entrevista en televisión recientemente. Vi en mi Twitter que la frase provocaba alborozo y regocijo en algunas de las personas a las que sigo y en muchas otras cuyas reacciones fueron retuiteadas.

Como bien saben quienes conocen mi opinión sobre el tema no me gustan las discusiones bizantinas y la de si algo es una ciencia o no lo es acaba siéndolo: todo depende de la definición de ciencia que cada cual da amoldándola a sus preferencias para que incluya o no a su disciplina favorita. Como digo, la discusión no me preocupa. Lo que sí me preocupa es que se pueda avanzar en determinadas áreas de conocimiento con rigor, disciplina, con metodologías generalmente aceptadas y con exposición a la contrastación empírica de las afirmaciones. Desde ese punto de vista poco me importa si se considera o no una ciencia a la Economía: me preocupa que encontremos respuestas válidas a problemas interesantes. Y sea o no sea una ciencia eso no quiere decir que cualquier afirmación o propuesta de cualquier orientación ideológica sea sólida o soporte el más mínimo envite: se dicen muchísimas chorradas a derecha e izquierda amparadas por una supuesta pureza ideológica.

Pasemos a la segunda parte de la frase: "ideología con ecuaciones". Vamos a darla por buena por un momento (aunque creo que es una boutade) como dicen los anglosajones for the sake of the argument. Supongamos que una ideología (conjunto de creencias, preferencias, ideas y explicaciones sobre el funcionamiento del mundo) puede ser expresada de forma matemática: "con ecuaciones". Lo primero que me viene a la cabeza es que por lo menos dicha ideología ha de ser capaz de soportar la coherencia lógica interna que un conjunto de ecuaciones matemáticas impone. En principio yo diria que es un punto a favor. Pero hay algo más: si somos capaces de expresar de forma matemática un conjunto de ideas no sólo contrastamos su coherencia lógica sino que también abrimos la puerta a algo mucho más interesante: a la cuantificación y contrastación empírica de dicho conjunto de ideas. De modo que si somos capaces de contrastar empíricamente la robustez de unos postulados cuantificables... ¿podemos seguir diciendo que eso es una "ideología"?. Tal vez sí, pero una ideología con unos argumentos de verosimilitud muy superiores a otras ideologías cuyo único argumento es la mala retórica opuesta a los datos, a la empiria, a la contrastación. Las movimientos de los astros celestes pudieron ser tema de debate ideológico en el pasado. Una vez que se postulan las leyes que explican su movimiento y dichas leyes se contrastan mediante la observación dejamos de hablar de ideología para hablar, sí... la palabra maldita... para hablar de ciencia.

miércoles, 4 de junio de 2014

¿Está loco el FMI?

Hace unos días el FMI planteó (por enésima vez) a España entre otras cosas la necesitad de reducir cotizaciones sociales y subir el IVA. Desde Bruselas dicen lo mismo. Las recomendaciones no gustan ni a derecha ni a izquierda, y el Gobierno ha dicho que no va a hacer caso de las mismas. Tenemos la suerte de poder decir que no a las "sugerencias" del FMI de modo que no parece que vayan a aplicarse esas recetas, por lo menos a corto plazo y con elecciones a la vista. 
Pero ¿tan locas son esas propuestas del FMI?. Voy a tratar de explicar aquí un esbozo del argumento no porque yo esté necesariamente de acuerdo sino porque conviene estar al tanto de lo que se dice y no hacer hombres de paja. La mezquindad sobre lo que cobra o deja de cobrar Christine Lagarde no deja de ser otro ejemplo más del panolismo acomplejado y escaso de materia gris que últimamente todo lo impregna.

Pero antes repasemos algunas cuestiones para poder después enlazarlas en la propuesta del FMI:
  1. Cuando se grava un bien con un impuesto la carga del mismo se reparte y la cantidad comerciada se reduce. Hablé de esto aquí al hablar de la incidencia del IVA. Quienes viven de los cines, teatro o conciertos y reclaman una bajada del tipo del IVA del 21% para los espectáculos culturales viven en sus propias carnes el impacto devastador de un IVA elevado en un sector de demanda muy elástica: si repercuten el IVA al consumidor se quedan sin público y si no lo repercuten no les salen las cuentas. 
  2. En España tenemos un "impuesto al trabajo" llamado cotizaciones sociales. Al margen de quién tiene la obligación de ingresar el dinero en la Seguridad Social funciona exactamente igual que un IVA: quien contrata tiene un coste (aprox. un 35%) superior al salario bruto del trabajador. De la misma manera que el IVA del teatro reduce de alguna manera el público asistente las cotizaciones tienen un efecto disuasorio en la contratación. ¿Pero sabemos cuánto? (El siguiente diagrama viene bien explicado aquí).
  3. No podemos reducir el montante de las cotizaciones sociales ya que es de ahí de donde pagamos a nuestro pensionistas y parados. Pocas bromas con esto. 
  4. Aproximadamente un 50% de la renta nacional se corresponde a rentas salariales. También hablé de esto en una entrada anterior. Esto significa que aproximadamente la mitad del coste de todo lo que producimos y consumimos es coste laboral. Por supuesto no es lo mismo un masaje del fisioterapeuta donde casi todo el coste es laboral que comprar unos pendientes de oro y brillantes, pero en términos agregados el cálculo es lo suficientemente afinado. 

Vamos ahora a explicar lo que dice el FMI. En primer lugar, si hay algo llamativo sobre la economía española es su elevada y pertinaz tasa de paro. Una legislación laboral cuando menos... peculiar, no favorece demasiado pero en cualquier caso son las leyes que nos hemos dado. Es lógico que desde organismos internacionales se solicite una normativa más ortodoxa o más acorde con la de los países de nuestro entorno. El impacto de las leyes españolas probablemente tiene el efecto de reducir la elasticidad del empleo a los salarios pero demostrar este extremo no es necesario para el argumento que sigue a continuación. De todos modos una mayor elasticidad del empleo a los salarios haría todavía más poderoso el argumento del FMI.

El FMI propone reducir los impuestos al trabajo esto es, las cotizaciones sociales para que se contrate más. Si el mercado de trabajo español fuese lo suficientemente elástico una reducción de las cotizaciones podría incrementar el número de empleados de tal manera que compensase la caída (una especie de curva de Laffer laboral). Pero nadie se cree esta historia. El FMI tampoco. De hecho sí que sería de esperar un incremento del empleo pero más bien modesto, por lo menos a corto plazo. Habría más gente trabajando pero no es fácil que cotizando todos menos el volumen recaudado fuese suficiente. 

¿Cómo cuadramos entonces el presupuesto?. El FMI propone subir el IVA. "¡Pero eso reducirá el consumo!" podemos pensar con razón. Lo que ocurre es que aquí hay unos pequeños detalles que no hemos tenido en cuenta:

El primero es que al reducir las cotizaciones sociales hemos reducido el coste de producción de todos los bienes en la medida que incorporan trabajo nacional.  Como hemos dicho antes la mitad de los costes de producción son costes laborales. Una reducción de los mismos permitiría al productor acomodar una subida del IVA y ofrecer el mismo (o parecido) precio al consumidor. En principio el consumo no tendría por qué resentirse. De hecho un mayor nivel de empleo se podría traducir en un mayor consumo a pesar de la subida del IVA. 

Por otro lado los bienes producidos en el país tendrían un coste menor pudiendo competir mejor con los bienes importados en el mercado nacional y en el exterior (las exportaciones no llevan IVA). Es por este motivo por el que a este mecanismo se le denomina devaluación interna, porque tiene los efectos de una devaluación de la moneda cuando el tipo de cambio no lo podemos alterar: aumenta el consumo de bienes nacionales en el interior y en el exterior y reduce las importaciones que comparativamente se hacen más caras. 

¿Es razonable la propuesta?. En realidad no es una propuesta excesivamente arriesgada si se hacen bien los números. Habrá quien piense que toda la reducción de la cotización acabará en forma de beneficios empresariales y que el efecto no acabe trasladándose a los precios. Probablemente ocurra un poco de todo: habrá empresas y sectores con un mayor poder de mercado que puedan sacar más provecho y habrá otros más competitivos donde la única vía de incrementar sus resultados será a través de incrementos de producción. Pero creo que la idea no es mala sobre el papel. Lo difícil puede ser llevarla a término. 

viernes, 30 de mayo de 2014

¿Han crecido los beneficios empresariales a costa de los trabajadores?

Parece que forma parte del discurso oficial, de la realidad que todos conocemos: la remuneración de los trabajadores (y los salarios) han caído durante la crisis frente a unos crecientes beneficios empresariales. ¿De verdad es así?

Lo cierto es que con un número de ocupados cada vez menor mantener la remuneración total de los asalariados hubiera supuesto unos incrementos salariales capaces de compensar por la pérdida de empleo. Sabemos que no ha sido así: si bien en los primeros años de la crisis los salarios continuaron subiendo por la mera aplicación de los convenios existentes a partir de la aplicación de la nueva normativa laboral parece que la tendencia se invirtió. En cuanto a las posibles narrativas de fondo tenemos la de los malvados empresarios y gobierno apoyados por la troika y todo lo que se menee que han aprovechado el nuevo marco laboral para conseguir ganar más dinero a costa de los trabajadores. Otra narrativa (que cuadra con las elevadas cifras de desaparición de empresas) también hace compatibles los hechos señalados: si la empresas en pérdidas (con beneficios NEGATIVOS) cierran por la crisis esto tiene dos efectos:
  • la suma del total de beneficios empresariales crece puesto que ya no restamos pérdidas de las empresas que han cerrado
  • la suma de la nómina total de la economía decrece puesto que los trabajadores han quedado en la calle
Esta segunda narrativa es compatible con un incremento de beneficios y un descenso de salarios sin que uno haya sido a costa del otro sino ambos resultados colaterales del cierre de un sinnúmero de empresas en pérdidas.

Todo esto está muy bien, pero... ¿de verdad han crecido los beneficios empresariales?¿Podemos saberlo?.

En distintos medios se hacen eco de los datos de contabilidad nacional. Por ejemplo aquí.
El problema es que donde figura "beneficios de las empresas" debería figurar la palabra "excedente bruto de explotación". Y ambas cosas no son lo mismo... NI DE LEJOS. Aquí lo expliqué.

Así pues... si el excedente bruto de explotación no son los beneficios de las empresas... ¿tenemos alguna referencia de cuánto pueden ser éstos y cómo han evolucionado durante la crisis?. Traigo aquí dos estimaciones o fuentes de datos alternativas que pueden ayudarnos a hacernos una idea del importe que suponen y su evolución reciente.

La primera fuente es la propia Hacienda, la Agencia Tributaria y los datos sobre Impuesto de Sociedades. En principio las empresas tributan por los beneficios que obtienen. Los beneficios contables no son exactamente iguales que los fiscales pero sin duda son magnitudes muy cercanas. Alguien podrá suponer que si las empresas no declaran todo a Hacienda (fraude fiscal) habrá beneficios encubiertos. La afirmación es totalmente cierta. Sin embargo no parece sensato pensar que haya habido grandes oscilaciones en cuanto al volumen del fraude fiscal en un plazo tan corto: es lógico pensar que sea de una magnitud similar en 2008 que en 2012. Por otro lado también parece lógico pensar que los defraudadores ocultarán beneficios cuando éstos son altos para evitar pagar a Hacienda pero no ocultarán información cuando son bajos o están en pérdidas. En cualquier caso, a falta de esa información podemos utilizar la información de hacienda para ver si las empresas han ido declarando más o menos beneficios durante la crisis. A continuación copio una tabla de aquí (Cuadro 1.3).
Los beneficios declarados a Hacienda han caído pues desde 2008 desde 111.602 millones de € hasta 73.840 millones de €. Un 34% aproximadamente.

La otra fuente de datos sobre beneficios empresariales que presento aquí es la Central de Balances del Banco de España. No se trata ni de una encuesta ni de un censo. Los datos pues no son una muestra aleatoria y hay que tomarlos con mucha cautela ya que es información proporcionada voluntariamente por empresas durante al menos dos años consecutivos. La propia naturaleza de los datos hace pensar que están necesariamente sesgados. Pero sesgados o no, son los que tenemos. ¿Y qué dicen?. Copio la siguiente tabla de aquí (hacer click sobre la imagen para verla más grande):


Como las empresas que participan dan resultados mínimo de dos años las de 2008 dan información comparable para 2007 y 2008, las de 2009 para 2008 y 2009 y así sucesivamente. El número de empresas participantes se indica en la primera línea.

 Si nos vamos a última linea "Resultado Ordinario Neto" podemos ver cómo las empresas participantes declaran todos los años menores resultados en el ejercicio "corriente" que en el anterior con la excepción del año 2010 (¿Tenía razón Elena Salgado con los "brotes verdes"?). En la siguiente tabla he calculado la variación anual de cada año y la he concatenado en un índice con base 100 en el año 2008 para ver si se parece a los datos de la Agencia Tributaria:

El índice de 69 para el año 2012 nos indica que según la Central de Balances del Banco de España los beneficios empresariales cayeron desde 2008 en un 31%. Una cifra muy parecida a la proporcionada por la Agencia Tributaria.

¿Conclusión? Son datos de 2012. Todavía no tenemos los datos de 2013 pero mucho tendrían que crecer las empresas españolas para llegar a los niveles previos a la crisis.

A pesar de las bonitas narrativas (en un sentido o en otro) descritas al comienzo de esta entrada los datos desmienten ambas... porque los datos desmienten la interpretación general. Si bien es cierto que los trabajadores han sufrido muy duramente las consecuencias de los tiempos que nos toca vivir tampoco parece que las empresas estén especialmente boyantes. Y es que una empresa que despide es una empresa que no va bien...